La imagen del León y el Cordero que encontramos en Apocalipsis 5:5-6 es uno de los retratos más poderosos y reveladores de toda la Escritura. Juan, angustiado porque nadie podía abrir el rollo, escucha una voz que le dice: 'He aquí, el León de la tribu de Judá...'. Sin embargo, al mirar, ve un Cordero como inmolado. En la cruz, la mansedumbre y el amor alcanzaron su máxima expresión. 'He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo'.
Como León de la tribu de Judá, Cristo es el Rey que ha vencido. Su resurrección marca la derrota del pecado y la muerte. El Señor reinará para siempre. La unión del León y el Cordero revela la plenitud de Cristo: sacrificio y victoria, amor y autoridad, redención y restauración eterna.